¿Es posible andar en bicicleta por un paraje fresco en pleno verano? En la España Verde, sí.

Os vamos a contar un secreto. La España Verde no es sólo verde: también es muy frondosa. Y no sólo eso: también cuenta con valles estrechos y desfiladeros en los que es posible practicar ciclismo (o senderismo) aun cuando el sol y el calor aprietan. Hemos seleccionados cuatro Vías Verdes para que ciclistas y caminantes penetren en los rincones insospechados de nuestros paisajes. 

Vía Verde del Besaya. Cantabria. 

Nacida como una vía ferroviaria de uso exclusivo minero, quién iba a decir a los promotores del tren de las minas de Reocín que, en el siglo XXI, por su recorrido no se transportaría hidrocincita, blenda o pirita y sí mucha bicicleta y mucha mochila de excursionista. 

Algunos datos prácticos (que siempre está bien conocer) sobre la Vía Verde del Besaya

El itinerario completo del Besaya suma unos veinte kilómetros, ocho de los cuales (los de interior) corresponden a la vía verde y los doce restantes a un carril bici-peatonal que recorre los tramos más próximos a la costa. Es decir, 40 kilómetros en total si se hace la ida y la vuelta, un recorrido ideal para dedicarle una mañana de pedaleo pausado. La mayor parte del recorrido es sobre firme de asfalto aunque hay algún tramo de tierra compactada por el que pueden circular todo tipo de bicicletas. 

¿Qué paisajes recorre la Vía Verde del Besaya?

La respuesta es sencilla: casi todos los que uno se puede imaginar en Cantabria, desde los paisajes marismeños de la desembocadura del río Saja hasta los picos rocosos de la modesta sierra del Dobra pasando por el antiguo tejido industrial de Torrelavega, los prados bucólicos que rodean Los Corrales de Buelna o los vestigios de la actividad minera de Reocín, hoy reconocidos como paisaje de interés cultural. Una vez en Suances, el repertorio de paisajes explota y se multiplican las posibilidades: acantilados, playas o islotes.  

¿Qué no debo perderme en la Vía Verde del Besaya?

Dos pequeñas joyas de interior como Cartes y Riocorvo, dos localidades declaradas Bien de Interés Cultural por sus conjuntos históricos, o el Santuario de Nuestra Señora de las Caldas, su tradición termal y el insólito paraje en el que se encuentra, la Hoz de Caldas. No hay que olvidar los orígenes industriales de este recorrido por lo que merece la pena poner en valor la experiencia de atravesar las antiguas instalaciones del cargadero de mineral de San Martín de Hinojedo entre esqueletos de la antigua actividad industrial.

Venga, cuéntame un chascarrillo sobre la Vía Verde del Besaya…

Aunque la Vía Verde no llega hasta la punta del Dichoso de Suances, hay que acercarse hasta este brazo de roca que penetra en el Cantábrico para contemplar el espectáculo de las olas. Y no sólo eso: fue aquí donde el popular grupo de rock Héroes del Silencio fue retratado para ilustrar la portada de uno de sus discos: ‘El mar que no cesa’. Busca en Google la portada y a ver si eres capaz de encontrar el lugar exacto de la foto. ¡Suerte!  

Vía Verde del Plazaola. Gipuzkoa, Euskadi 

Entre las laderas de hayas y robles de la Gipuzkoa menos habitada serpentea el trazado de un antiguo ferrocarril de vía estrecha. Nacido para transportar mineral de hierro y reconvertido después en tren de viajeros, hoy es una de las rutas verdes más largas y singulares del norte de España, apta para caminantes, ciclistas e, incluso, jinetes.

Algunos datos prácticos (que siempre está bien conocer) sobre la Vía Verde del Plazaola

El trazado original era largo (84 kilómetros entre Pamplona y San Sebastián, ahora en vía de recuperación en su totalidad) pero nos centraremos en el tramo guipuzcoano que nace en Andoain y llega hasta la ‘muga’ (‘frontera’ en euskera) con Navarra. Son, en total, más de veinte kilómetros (suma otros 20 para la vuelta) serpenteantes en los que la mano humana poco ha tenido que ver con el diseño: la vía verde se limita a correr paralela al río Leitzaran, el más limpio de toda Europa. Salvo un par de pendientes de más del 10% que evitan el recorrido original, la ruta no tiene dificultad: tramos de firme de asfalto combinados con tierra compactada y muchos tramos en sombra, siempre protegidos por el tupido bosque de ribera de Leitzaran. ¡Un último consejo! A pesar de que muchos túneles cuentan con iluminación, nunca está de más llevar luces propias para ver y, muy importante, ser visto. 

¿Qué paisajes recorre la Vía Verde del Plazaola? 

El Plazaola comenzó como un modesto ferrocarril minero de 20 kilómetros que unía las minas de hierro homónimas, cerca de la frontera entre Navarra y Gipuzkoa, con la estación de Andoain, y entró en servicio en 1905. En 1914 se amplió hasta completar una línea de 84 kilómetros entre Pamplona y San Sebastián, que funcionó como tren de viajeros hasta mediados del siglo XX. Decíamos que el Leitzaran es el río más limpio de Europa porque no cuenta con poblaciones en sus riberas: por tanto, serán 20 kilómetros de paz sólo rota por los cantos de los pájaros o el murmullo del agua. El recorrido alterna prados y bosques autóctonos de robles, hayas y alisedas de ribera con repoblaciones de pino con estatus de biotopo protegido. 

¿Qué no debo perderme en la Vía Verde de Plazaola?

Aquí la pregunta debería ser otra: ¿Qué no debo olvidarme? Es fundamental no olvidarse de todo lo necesario para ser totalmente autónomo durante el recorrido porque el antiguo trazado ferroviario no atraviesa ninguna población ni hay rutas de escape (bueno, las hay pero ha que superar grandes pendientes para salir de lo más profundo del valle) durante los primeros 25 kilómetros. Así, conviene llevar alimento, agua (aunque hay fuentes y manantiales) y herramientas para arreglar posibles problemas mecánicos. 

Venga, cuéntame un chascarrillo sobre la Vía Verde del Plazaola…

En 1911, durante el raid aéreo París-Madrid, el aviador francés Roland Garros (quien daría nombre al mítico torneo de tenis) sufrió un accidente junto al río, en unos farallones de roca próximos a Andoain. Tras despegar de la playa de Ondarreta rumbo a Getafe, y después de un primer aterrizaje forzoso en Usurbil por fallos en el motor, Garros se precipitó con su aparato sobre el río. El aviador fue socorrido por vecinos de Andoain que también contribuyeron a recuperar los restos del aparato para, luego,  trasladarlos hasta la estación del pueblo.

Vía Verde Senda del Oso. Asturias

Algunos datos prácticos (que siempre está bien conocer) sobre la Vía Verde de la Senda del Oso

Quien quiera pedalear un buen rato sin la compañía de coches lo tiene fácil: la Senda del Oso tiene una longitud aproximada de 36 kilómetros, con firme asfaltado y túneles excavados en pura roca. El desnivel entre el inicio y el final apenas los 300 metros, lo que la convierte en un recorrido asequible para ciclistas de cualquier nivel. ¿Los 36 kilómetros te parecen excesivos y quieres conocer una versión reducida para pedalear menos o, simplemente caminar? Muy sencillo: el tramo que une Tuñón con Proaza, apenas exige un par de horas y concentra buena parte de los atractivos de la ruta. 

¿Qué paisajes recorre la Vía Verde de la Senda del Oso?

La senda discurre sobre el trazado de dos antiguos ferrocarriles mineros: uno, de 1874, unía las minas de hierro y carbón del valle de Quirós con la estación de Trubia a lo largo de 30 kilómetros, y a él se sumó un ramal de otros 10 kilómetros que enlazaba las minas de Teverga con Caranga de Abajo, dando forma al característico trazado en Y. Los ingredientes de la vía verde son sencillos de describir: agua, roca y bosque. Hay tramos de bosque de ribera, con chopos, fresnos y alisos dando sombra junto al río Trubia, y estampas más recias en desfiladeros como Peñas Juntas o Valdecerezales, donde las paredes calizas se estrechan hasta casi rozarse sobre el cauce. Un largo túnel iluminado, el puente sobre el río Trubia y varias pasarelas sobre arroyos y regatas completan un recorrido que también se asoma al embalse de Valdemurio y pueblos de arquitectura tradicional. 

Venga, cuéntame un chascarrillo sobre la Vía Verde de la Senda del Oso…

El nombre de la ruta no es casual. Junto al área recreativa de Buyera se encuentra el cercado osero, un amplio recinto vallado donde vive en semilibertad la osa Molina, bajo el cuidado de la Fundación Oso de Asturias. Pero la historia más entrañable es la de sus otras dos protagonistas: Paca y Tola, dos hermanas que quedaron huérfanas con apenas cinco meses tras la muerte de su madre a manos de un cazador furtivo. En 1996 regresaron a Asturias para instalarse en una ladera cercada y acondicionada para ellas, donde vivieron hasta su muerte en 2018 y 2025, convertidas en símbolo de la protección de la fauna asturiana.

Vía Verde de O Salnés. Pontevedra. Galicia. 

Entre la ría de Arousa y la vega del río Umia discurre la Vía Verde de O Salnés, la primera vía verde que transcurre íntegramente por suelo gallego. Y no sólo eso: es jovencísima, fue inaugurada en 2020 sobre el trazado del viejo ferrocarril que unía Vilagarcía de Arousa con Pontevedra, atraviesa tres concellos pontevedreses y enlaza paisaje, historia industrial y patrimonio en un recorrido breve pero intensísimo. 

Algunos datos prácticos (que siempre está bien conocer) sobre la Vía Verde de O Salnés

La ruta tiene una longitud aproximada de 9 kilómetros, de los cuales unos 8 discurren sobre el antiguo trazado ferroviario y el resto por un tramo asfaltado que conduce hasta la antigua estación de Portas. El desnivel, como es habitual en las antiguas vías férreas, es prácticamente inexistente y el firme, señalizado en todo su recorrido, combina tierra compactada con algunos tramos de asfalto, lo que la hace apta tanto para caminar como para ir en bicicleta, incluso con niños. 

¿Qué paisajes recorre la Vía Verde de O Salnés?

El itinerario reutiliza parte de la línea de ferrocarril que unió Carril, primera estación término del tren en Galicia, con Pontevedra en 1899, y que quedó en desuso en 2008. La vía verde atraviesa los concellos de Vilagarcía de Arousa, Caldas de Reis y Portas. Sirve, además, de conexión con el Camino Portugués por lo que no será raro toparse con peregrinos que utilizan este cómodo corredor para hacer un paréntesis en su viaje atraídos por los encantos (gastronómicos, por ejemplo) de las villas costeras de O Salnés. 

El recorrido regala estampas muy variadas para tan pocos kilómetros: bosques de caducifolias, viñedos de albariño (el vino que aquí es el rey), huertas de minifundio salpicadas de hórreos y cobertizos, y riachuelos que se cruzan varias veces por el camino. Uno de los grandes atractivos es el paso junto al Pazo de Rubianes, con su jardín de estilo francés reconocido como Jardín de Excelencia Internacional de la Camelia, con miles de ejemplares y algunos de los eucaliptos más longevos de Galicia. Más adelante, el puente metálico sobre el río Umia ofrece otro de los miradores más fotografiados de la ruta.

Venga, cuéntame un chascarrillo sobre la Vía Verde de O Salnés…

El final (más dulce imposible) del recorrido reserva la sorpresa más singular: la antigua fábrica azucarera de Portas, uno de los ejemplos más notables del patrimonio industrial gallego de comienzos del siglo XX. Se construyó después de que, en 1898, la pérdida de las últimas colonias españolas cortara el suministro de azúcar procedente de Cuba, lo que impulsó la creación de azucareras en la península. Hoy, la antigua chimenea de la fábrica, de 65 metros de altura, se ha convertido en un mirador sobre el valle del Salnés, mientras que el edificio, ya rehabilitado, alberga usos tan distintos como guardería, ludoteca, centro de mayores y sala de exposiciones.

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